Dia 9
Una manana mas, un dia mas. Estamos llegando a un punto que cansa levantarse pensando en que hay que recorrer unos 250 km en moto, por tierra, dando zarpazos a nuestros agotados cuerpos con las irregularidades del terreno.
El ambiente entre nosotros sigue siendo el mismo que el del primer dia, sano, con sentido del humor y sobretodo un ambiente genial de companerismo, a pesar de que alguno declara la guerra al desaparecerle un trozo de chocolate de su parte de desayuno.
El GPS es el unico elemento que tenemos con animos suficiente para indicarnos siempre la direccion a tomar. A lo lejos unos puntos con una estela de polvo detras nos indica que algo se acerca. El tiempo no parece que pase, las grandes llanuras hacen dificil saber exactamente la distancia asi que todo es cuestion de seguir sin esperar el momento del encuentro. Unos minutos despues nos cruzamos con cuatro motos, suavisamos la marcha dejando que el polvo repose a su lugar de origen, nos miramos y entre un paro y no paro, nos saludamos y dejamos nuestra duda atras sacando la pierna y poniendo la burra de nuestras monturas. El ambiente motero se palpitaba sobre el terreno. Se trataba de cuatro rusos que venian de su pais para realizar el mismo trayecto que ya nosotros habiamos sufrido pero en sentido inverso.
Los apretones de mano eran tan impresionantes como sus motos, como diria Fernando Alonso en su anuncio… “ese pedazo pepino”, unas motos tan espectaculares como pesadas por lo que nos hubiese gustado verlos en los terrenos por lo que pasamos en algunos momentos.
Mientras le comentabamos el recorrido que habiamos hecho ponian cara de asombro al ver que tan solo llevabamos un coche con un mecanico amagnado y su hijo que ademas de hacerle compania le ayudaba a bajar las petacas del techo. En ese momento llegaron sus vehiculos, dos Land Cruiser y una pick-up 4×4, eran un total de 16 personas, 4 motos y 2 pilotos por cada una que se relevan cada cierto tiempo, otras dos personas de asistencia medica, 3 mecanicos, 1 fotografo que era conductor junto con otros dos que conducian y ademas eran guias del pais. Se genero un ambiente simpatico, incluso uno de ellos habia estado de vacaciones en el sur de Gran Canaria. Esa sensacion nos agrado. Fotos de rigor del grupo y a seguir cada uno su camino mientras intercambiabamos gestos de buena suerte. Algo nos decia que nos habiamos quedado un poco cortos en logistica lo que hizo que al despedirnos nos quedaramos un buen rato comentando la jugada.
La ultima parte de del trayecto fue un descenso por una especie de canon estrecho con paredes altas a sus lados y dibujando un zigzag perfecto. Una zona donde se veia que corria el agua, sus piedras bien pulidas y la limpieza de estas dejaban claro lo peligroso del camino y lo goloso que era para algunos hasta el punto de darse un puntito competitivo. Buscar el fallo del que te precede hace que busques el hueco para colar tu rueda hasta que una piedra cruza sin mirar y es atropellada, evidentemente, una caida mas se contabiliza al cerrar el dia.