Dia 10
Nos encontramos a esta alturas pasando la noche metidos los cuatro en una tienda contando anecdotas del viaje, del presente y de los pasados, valorando lo hecho por este joven equipo con muchos animos y junto a sendas cervezas del pais proyectando proximas aventuras. El problema de un mundo tan diverso nos hace que el debate requiera de mas cervezas aun estando junto a un lago literalmente helado.
Con las frias cervezas y con un cielo estrellado, que aunque no tan sorprendente como del que gozamos en el desierto si que la ausencia total de contaminacion luminica lo hace casi igual de impresionante, lamentamos el intenso frio que trae los aires provenientes del lago que hace que no lo podamos disfrutar en toda su esencia.
Narrando el paso del dia segnalar que salimos de Moron, la ciudad mas grande que hemos visto hasta el momento sin contar logicamente a la capital del pais, despues de un calido desayuno a base de pan tostado bagnado en huevo y una tortilla francesa que le permitieron hacer a nuestro cocinero. Es la primera vez que el hospedaje en un comodo ger incluia desayuno.
El camino ya no nos sorprende en cuanto a novedades aunque si que nos sigue animando tanto sus impresionantes fotografias como la velocidad a la que hemos decidido conducir hoy. En este recorrido prima la tecnica mas que la velocidad. Las piedras golpeando en la llanta hacen que a mas de uno le llegue esos toques al alma. Realmente no hay ganas de bajar el ritmo pero menos aun de parar a cambiar ruedas pero claro, quien le dice a un motero que baje el ritmo cuando mas alegre circula.
Subir y bajar montanas es la tonica del trayecto pero en la fragor del ritmo cogido nos percatamos de que el vehiculo de asistencia no aparece y con este tampoco sus tres tripulantes: el conductor, su hijo y el primer damnificado de la aventura.
Tras esperar en la cima de una colina un buen rato y soportar para asombro de los tres motoristas que aun continuamos en pie la ’’visita’’ de una vendedora de souvenir vemos llegar a lo lejos a nuestro 4X4. Este coche tambien es susceptible de pinchar por supuesto y desde luego que lo hizo y ademas a lo grande: Un corte de varios centimetros en la banda de rodadura y la advertencia de que no lleva mas neumaticos nos mete el miedo en el cuerpo.
Continuamos el ritmo no obstante y por fin llegamos al punto mas al norte del viaje: El lago Khosvol. Este lago de 125 km2 nos impresiona casi tanto como su parcialmente helada superficie. Por supuesto que las fotos no faltan y mas teniendo un fondo con animales como yaks, vacas, caballos etc.
Como es obvio viendo el lago de esa manera y lo animado del ritmo, aun con el corazon acelerado, al gamberro del grupo (quien iba a ser si no), se le ocurre una apuesta, o mejor dos: El ultimo que entre al agua paga una ronda de cervezas y el primero que salga pues una cena. El riesgo de llegar al punto de cogelacion le paso por la cabeza a mas de uno (la pela es la pela como diria un catalan).
Entre risas nerviosas y dudas nos desvestimos y casi sin dar el ‘’ya’’ de rigor nos vemos metidos en el agua rodeado de placas de hielo que hace que por fin la tierra mongola vea la sangre canaria correr. Lo que no ha conseguido mas de 2.000 kms de moto a velocidades de vertigo lo ha hecho un trozo de hielo.
De nuevo risas, piernas coloradas por el frio y alguna que otra sangrante, comentario sobre lo bien que se esta en tierra firme y a montar las tiendas.
La primera parte de la apuesta habia que cumplirla esa misma tarde-noche por lo que tras tener el lecho preparado para la fria noche que nos esperaba decidimos adentrarnos en el camino direccion norte hasta que encontramos un ger-tienda que nos vendio las 6 cervezas a precio de oro como turistas que somos: 1,80 euros al cambio por cada botella de 500cl. Un despilfarro vamos, jaja
Y ahi nos encontramos nosotros metidos en la caseta riendo y bebiendo cual acampada en los llanos de Pez en pleno invierno cuando de repente oimos el sonido mas impresionante de todo el viaje. Enmedio de la noche el fuerte galope de una manada de caballos seguido de lo que suponemos su “pastor” cantando acapella una hermosisima melodia que llegamos a pensar que alguien habia conectado los altavoces de una discoteca en la selva. Por supuesto el silencio se hizo en la tienda para disfrutar la mezcla del galope animal y la sintonia mongola. Raudos salimos al exterior pero la oscurisima noche apenas nos permitia distinguir nada a varios metros delante de nuestras narices.
Ya habia que descansar: manana comenzaria la cuenta atras teniendo que deshacer el camino andado este dia para regresar a Moron y de ahi camino a la capital.
Pero faltaba el susto del dia. Cuando casi estabamos cayendo en los brazos de Morfeo el vibrar del suelo nos solivianto a todos: Se acercaba una manada de caballos que nos puso el corazon en un puno. Sabran que estamos aqui? Nos esquivaran? Parecen cientos!!. Pero sin tiempo para avisarnos mutuamente el ruido va cesando. Que diablos habra pasado para que llegaran asi corriendo. Que habra ahi fuera. Las conjeturas a gritos entre casetas era el preambulo de un silencio hasta el dia siguiente si no hablamos de la locomotora humana que viaja con nosotros y a la cual ya nos hemos acostumbrado aunque se pone en marcha cuando queremos dormir. Y despues dicen que en Canarias no hay trenes.